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POR ALEJANDRO RUDLOFF, 
SOSTENEDOR COLEGIO CAMILO HENRÍQUEZ- TALCA
 

Nadie me avisó que ya estaba eligiendo

¿Trabaja usted con la IA, o para ella? Cuidado: ya respondió esta semana, aunque no se haya dado cuenta.


Hace unos meses me sorprendí haciendo algo extraño: le pedí a una IA que redactara un texto, lo leí por encima, lo encontré “suficientemente bueno” y lo envié con mi nombre.
Nada grave, ¿cierto? Todos lo hacemos. Pero esa noche me quedó dando vueltas una pregunta: en esa pequeña escena, ¿quién trabajó para quién?


Hay dos maneras de estar frente a una máquina que calcula, redacta y responde mejor que nosotros. Una es ponerse a su servicio: alimentarla, validar sus salidas, correr a su ritmo, firmar lo que produce. Eso es ser humano para la IA. La otra es aportar lo que es nuestro: criterio, sentido, vínculo y preguntas, mientras ella ejecuta. Eso es ser un humano con IA. La diferencia cabe en una preposición. Pero decide una carrera, una organización y, me atrevo a decir, una época.

 

Lo incómodo es que nadie elige en voz alta. La preposición se inclina sola, cada día, en cada tarea que delegamos sin pensar. Y por defecto se inclina hacia el para, porque lo cómodo es dejar que la máquina piense por nosotros. La investigación reciente le puso nombre: deuda cognitiva, mientras más le entregamos el razonamiento a la IA, menos capacidad de razonar nos queda. Como toda deuda, se disfruta hoy y se paga después. No escribo esto contra la IA. La uso todos los días y soy mejor profesional con ella. Escribo contra el piloto automático: contra delegar sin cuestionar, firmar sin leer, validar sin discutir, aceptar la primera respuesta porque suena bien. Porque al final lo que nos mantiene del lado del “con” no es ningún curso de prompts.

 

Son tres gestos viejos como el mundo: discernir (¿esta respuesta sirve aquí, ahora, para estas personas?), preguntar (¿qué estamos dando por sentado?) y dar sentido (¿para qué estamos haciendo esto?). Tres cosas que ninguna máquina hará por usted, y que si deja de ejercitarlas, se atrofian como cualquier músculo abandonado a su suerte.


Tres gestos para esta semana:
1.  Nombre la preposición.  Ante la próxima tarea con IA, pregúntese: ¿esto me ubica “con” o “para” la IA?
2.  Recupere una decisión.  Elija algo que delegó por comodidad y vuelva a pensarlo usted, de principio a fin, permitiendo pasar de delegar en la IA, a complementar con IA.
3.  Pídale a la IA lo contrario.  Antes de aceptar su respuesta, exíjale que argumente en contra. Si la respuesta sobrevive, úsela. Si no, acaba de salvarlo su criterio.


La Singularidad Tecnológica llegó sin pedir permiso. Lo que hagamos con nuestra propia singularidad, eso irrepetible que nos hace humanos, aún no se acaba de decidir. Y se definirá en pequeños gestos, como el de hoy en la tarde, cuando la IA le entregue un texto “suficientemente bueno” y usted tenga que elegir entre firmar… o reflexionar.

Este artículo es parte de la reflexión “¿Humanos con IA, o humanos para la IA?”

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