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POR Cristóbal charad, Gerente General Río Loa

La excelencia operacional: la ventaja competitiva que no aparece en una licitación

Hay una paradoja que se repite en casi todas las industrias. Las empresas hacen enormes esfuerzos en conseguir nuevos clientes, pero muchas veces dedican menos atención a aquello que realmente determina si esos clientes permanecerán en el tiempo: la calidad con la que ejecutan su trabajo cada día.


Durante años hemos entendido la excelencia operacional como una meta de las áreas de operaciones: eficiencia, productividad o control de costos. Hoy creo que es mucho más que eso, es una estrategia de crecimiento.
En los servicios industriales y mineros, los clientes no permanecen por una buena propuesta económica. Permanecen porque confían en que la operación responderá con el mismo estándar todos los días, incluso cuando aparecen los imprevistos. Esa confianza se construye en terreno, no en una sala de reuniones ni en una presentación comercial.


Por eso me preocupa cuando la competitividad se reduce únicamente a bajar costos. En sectores como la minería, donde los márgenes de error son estrechos y las consecuencias de un fallo son altas, competir solo por precio es una estrategia que erosiona antes de crecer. Siempre existirá alguien dispuesto a cobrar menos. Pero cuando esos ahorros afectan la calidad del servicio, la capacidad de respuesta o la seguridad de las personas, lo que realmente se pierde es la confianza del cliente. Y esa suele ser la decisión más cara de todas.


Lo vivido en Río Loa lo ilustra bien. Hace cuatro años comenzamos a prestar un servicio de barrido a una de las empresas más importantes de Chile. En lugar de limitarnos a cumplir el contrato, decidimos comprender su operación, escuchar a sus equipos y hacernos parte de sus desafíos. Con el tiempo construimos una relación de confianza que hoy nos permite trabajar codo a codo en la transformación de procesos que llevaban más de veinte años realizándose de la misma manera, incorporando nuevas herramientas, mejorando la trazabilidad y midiendo el impacto de cada cambio con datos concretos. Ese crecimiento no nació del precio. Fue la consecuencia de demostrar, día tras día, que una operación de excelencia puede transformarse en el mejor argumento comercial de una empresa.


En un escenario donde captar nuevos clientes es cada vez más complejo y costoso, las mayores oportunidades de crecimiento suelen estar en quienes ya confiaron en nosotros. Pero esa confianza no se compra ni se negocia. Se gana con consistencia, disciplina y una cultura donde hacer bien las cosas no depende de la supervisión, sino de la convicción de las personas.


En un mercado donde los procesos pueden replicarse, los precios cambian permanentemente y la tecnología evoluciona, la confianza sigue siendo el único activo que no puede copiarse ni licitarse. Por eso la excelencia operacional ya no es solo una forma de operar mejor es la decisión estratégica más importante para cualquier empresa que aspire no solo a crecer, sino a convertirse en un verdadero socio para sus clientes.

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