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POR Gina Ocqueteau Tacchini, Presidenta Sociedad Química y Minera de Chile

Liderar en tiempos de exigencia: empresas, confianza y responsabilidad

Hoy las empresas enfrentan un entorno más exigente que nunca. La legitimidad del mundo empresarial ya no se construye solo con resultados, sino con liderazgo, transparencia y una relación más madura con la sociedad.


Durante décadas, el éxito empresarial se midió principalmente por la capacidad de generar crecimiento, empleo e innovación. Esos elementos siguen siendo esenciales. Sin embargo, el contexto en el que operan hoy las empresas ha cambiado profundamente.


La sociedad exige más. Las instituciones están bajo escrutinio permanente. Y la legitimidad de las organizaciones ya no depende únicamente de sus resultados financieros, sino también de la manera en que ejercen su liderazgo y de cómo se relacionan con su entorno.


Este cambio no es menor. Estamos transitando hacia una etapa en la que las empresas deben responder simultáneamente a múltiples expectativas: cumplir con marcos regulatorios cada vez más complejos, generar valor económico sostenible, y al mismo tiempo actuar con estándares más altos de transparencia, responsabilidad y coherencia.


En este nuevo escenario, el liderazgo empresarial enfrenta un desafío mayor: comprender que la confianza se ha convertido en uno de los activos estratégicos más relevantes de cualquier organización.


La confianza no se decreta ni se construye a través de discursos. Se construye a través de decisiones consistentes en el tiempo, de gobiernos corporativos sólidos y de una cultura organizacional que entiende que el desempeño y la responsabilidad deben avanzar juntos.


Desde la experiencia en directorios, una de las transformaciones más evidentes de los últimos años es la ampliación del rol de la gobernanza empresarial. Los directorios ya no se concentran únicamente en la estrategia y en los resultados financieros. Hoy supervisan temas que hace una década estaban fuera de su radar: cultura organizacional, riesgos reputacionales, cumplimiento normativo, sostenibilidad, tecnología, seguridad de la información y relación con las comunidades.


Esta evolución refleja algo más profundo: la comprensión de que las empresas operan dentro de un ecosistema social más amplio, donde las decisiones corporativas tienen impactos que trascienden el balance financiero.
En ese contexto, el gobierno corporativo cumple una función esencial. No solo como mecanismo de control, sino como un espacio donde se articulan distintas miradas para tomar mejores decisiones en entornos cada vez más complejos.


Un directorio que funciona bien es aquel que logra equilibrar tres dimensiones fundamentales: la estrategia de largo plazo, la supervisión rigurosa de los riesgos y la responsabilidad institucional de la empresa frente a la sociedad.


Este equilibrio no siempre es fácil. Los desafíos regulatorios se han intensificado en muchos sectores, particularmente en industrias estratégicas o altamente reguladas. Pero más allá de la regulación formal, existe una dimensión igual o más importante: la expectativa social.


Hoy las empresas operan en un entorno donde la legitimidad se construye diariamente. Las comunidades, los trabajadores, los inversionistas y la opinión pública esperan coherencia entre lo que las empresas dicen y lo que hacen.


Eso exige un liderazgo distinto.


Un liderazgo que entienda que el éxito empresarial no puede desligarse del impacto que las organizaciones generan en su entorno. Que comprenda que la transparencia no es una obligación burocrática, sino una condición básica para sostener relaciones de confianza. Y que asuma que la reputación corporativa se construye con la misma disciplina con la que se construyen los resultados financieros.


Esto no significa que las empresas deban renunciar a su rol central en la generación de valor económico. Por el contrario, el crecimiento, la innovación y la inversión siguen siendo motores fundamentales del desarrollo de los países.


Pero ese crecimiento debe ir acompañado de una mirada más amplia sobre la responsabilidad empresarial.
Las empresas tienen hoy una oportunidad relevante: demostrar que es posible combinar competitividad con responsabilidad, eficiencia con ética, y crecimiento con desarrollo sostenible.


En mi experiencia, cuando las organizaciones logran integrar estas dimensiones de manera genuina, no solo fortalecen su legitimidad social. También toman mejores decisiones estratégicas y construyen relaciones más sólidas con sus distintos grupos de interés.


En definitiva, el liderazgo empresarial del futuro no se medirá solo por su capacidad de generar resultados, sino también por su capacidad de construir confianza.


Porque en un mundo cada vez más complejo e interdependiente, la confianza se ha convertido en el verdadero capital estratégico de las organizaciones.


Y construir confianza es, probablemente, uno de los mayores desafíos —y responsabilidades— del liderazgo empresarial en nuestro tiempo.

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