

POR JAVIER FIGUEROA, FUNDADOR DE ACUSTUDIO
Ruido en oficinas: el factor invisible que afecta productividad y bienestar
Actualmente las oficinas funcionan en modo híbrido: puestos flexibles conectados con el entorno, áreas colaborativas, cabinas más privadas y espacios comunes. En la práctica, una oficina no sucede una sola actividad: conviven tareas de concentración, reuniones, llamadas, colaboración espontánea y zonas sociales. De ahí nace y tiene mucho sentido en que las oficinas se desarrollen es espacios abiertos: un formato que busca integrar usos distintos en un mismo volumen.
El problema aparece cuando esas actividades chocan entre sí, y el factor más crítico suele ser el ruido. No es un “detalle”: es uno de los elementos que deteriora la experiencia diaria. La exposición constante a un ambiente ruidoso afecta la comunicación, reduce la productividad y afecta el confort o bienestar dentro de un espacio, el ruido funciona como un estresor: obliga al cerebro a gastar energía filtrando información irrelevante para poder sostener la atención. En oficinas, además, la conversación ajena y la falta de privacidad sonora se repiten como quejas típicas, algo que también se ha destacado en Harvard Business Review.
Este impacto tiene un “costo invisible” para las empresas: la desconcentración es acumulativa. El ruido no solo molesta, interrumpe, y cada interrupción exige un esfuerzo de “volver a entrar” en la tarea. En promedio, recuperar el nivel de concentración tras una interrupción puede tomar alrededor de 23 minutos (dependiendo del tipo de trabajo y del contexto). Resultado: aunque el ruido parezca “moderado”, termina fragmentando la jornada y reduciendo el tiempo real de foco.
Qué gana una oficina con buen acondicionamiento acústico
Un buen diseño acústico no busca silencio absoluto (sería irreal), sino equilibrio: permitir colaboración donde corresponde y proteger foco y privacidad donde se necesita. Cuando se controlan las distracciones por habla y se mejora el ambiente acústico, se han reportado efectos como:
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Mejor desempeño y menos errores (mejoras del orden de ~10% en precisión en ciertos ensayos).
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Reducción de estrés reportado (del orden de ~27% en algunos resúmenes).
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En resumen, al disminuir el ruido + foco, mejor zonificación + comunicación y menos fatiga = estrés.
Entonces, ¿qué hay que hacer?
1. Diseñar según la actividad (no “poner paneles por poner”)
El acondicionamiento debe partir por el uso y traducirse en objetivos por zona: claridad de voz en salas, baja distracción en áreas de foco, privacidad en cabinas, etc. La ISO 22955 es una referencia directa para orientar la calidad acústica en oficinas abiertas considerando actividades y expectativas.
2. Entender el volumen y su morfología
En acústica interior, el dato que más explica el comportamiento del sonido no es el m², sino el volumen (y su forma): altura, proporciones, regularidad, dobles alturas, losa vista, grandes paños vidriados. Esto define cuánto “se sostiene” el sonido y qué tan lejos viaja el habla (en open plan el problema no es solo reverberación: es alcance de la conversación).
3. Priorizar el cielo (suele ser lo más eficiente por m²)
En oficinas normalmente hay más superficie utilizable en cielo que en muros. Tratar el cielo suele ser más eficiente porque es una superficie grande y acústicamente “visible” desde casi todo el recinto: reduce más rápido el campo reverberante y beneficia simultáneamente a muchos puestos. Los muros ayudan, pero suelen ser complementarios (reflexiones laterales, paños duros específicos, refuerzo de zonas).
4. Medir lo correcto: RT sí, pero en open plan no basta
El tiempo de reverberación (RT) es, en simple, cuánto demora el sonido en extinguirse dentro del recinto (lo que muchos llaman “eco”). En salas comunes se mide con ISO 3382-2. Pero en oficinas abiertas RT por sí solo no explica todo: por eso ISO 3382-3 (actualizada como ISO 3382-3:2022) incorpora parámetros para evaluar cómo decae y se distribuye el habla en el espacio.
Una oficina realmente exitosa no se mide por cómo se ve, sino por cómo se trabaja dentro de ella. Cuando el acondicionamiento acústico se diseña según el uso —considerando el volumen, y validando con métricas adecuadas— el espacio deja de “sonar” como un problema y se convierte en un aliado: más foco, mejor comunicación, mayor bienestar y una experiencia laboral consistente cada día.