

POR LOAIZA MONTILLA, CONSULTORA ARQUITECTURA FINANCIERA Y REGULATORIA GOBIERNO CORPORATIVO
El nuevo rol estratégico de finanzas en las organizaciones
Históricamente, el área de finanzas ha estado asociada al control presupuestario, la contabilidad y el seguimiento del desempeño. En un entorno empresarial cada vez más dinámico, ese enfoque resulta insuficiente, lo que ha impulsado la necesidad de transformación de la función financiera hacia un rol más activo en la toma de decisiones y en la ejecución de la estrategia.
A pesar de que conceptos como “Finanzas como Business Partner” o “Transformación de la función financiera” se mencionan cada vez con mayor frecuencia, llevarlos a la práctica sigue siendo un desafío. Investigaciones de McKinsey & Company indican que los equipos financieros pueden dedicar entre el 70% y el 80% de su tiempo a recolectar y preparar datos, en lugar de analizarlos para apoyar decisiones. A su vez, estudios de Deloitte señalan que menos del 20% de los CFO considera que su organización cuenta con capacidades avanzadas de planificación financiera, mientras que análisis de PwC destacan que muchas empresas aún operan con información fragmentada entre distintas áreas.
En este contexto, la transformación de la función financiera implica mucho más que implementar herramientas tecnológicas o automatizar procesos. Se trata de rediseñar el modelo operacional y reevaluar el lugar que finanzas ocupa en la ejecución de la estrategia y en la toma de decisiones.
Si bien esta discusión suele asociarse con grandes corporaciones, sus beneficios son igualmente relevantes para empresas medianas, emprendimientos y organizaciones en crecimiento. Contar con información financiera clara, integrar los datos del negocio y establecer criterios disciplinados para invertir o crecer permite a empresas de cualquier tamaño tomar decisiones más informadas y sostener su desarrollo en el tiempo.
En términos prácticos, esta transformación requiere alinear cuatro dimensiones fundamentales: procesos financieros, simplificando tareas operativas para liberar tiempo hacia el análisis; sistemas y herramientas, que integren información financiera y operativa del negocio; gobierno financiero, con criterios claros para la asignación de capital y la gestión de riesgos; y capacidades en las personas, para que los equipos financieros actúen como verdaderos socios estratégicos del negocio. Esto también implica revisar quién toma qué decisiones y con base en qué información, promoviendo una cultura donde las decisiones se sustenten en datos y en información financiera confiable.
Cuando estas dimensiones se alinean, la función financiera deja de ser únicamente un centro de reporte para convertirse en un habilitador de decisiones estratégicas. Finanzas pasa entonces de explicar lo que ocurrió a ayudar a anticipar lo que debería ocurrir.
En última instancia, transformar la función financiera implica diseñar una arquitectura que conecte estrategia, información y decisiones. En un entorno empresarial cada vez más complejo, contar con esa arquitectura ya no es solo una ventaja competitiva: es una condición para construir organizaciones más sostenibles y resilientes.