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POR Christian Real, CEO de Chita
(https://chita.cl/)

El gran desafío del comercio digital en Chile no es vender más, es financiarse mejor

El comercio digital en Chile ya dejó de ser una promesa. Hoy es una realidad estructural instalada en miles de pymes que venden a través de marketplaces, redes sociales y canales propios. De acuerdo con la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), el e-commerce nacional cerró 2025 con ventas que superaron los US$9.400 millones, consolidando un crecimiento sostenido de dos dígitos y confirmando que el canal digital ya no es complementario, sino central para el comercio. Sin embargo, mientras las ventas online continúan expandiéndose, persiste un problema menos visible, pero mucho más crítico, que sigue frenando a muchas empresas: el acceso a financiamiento oportuno para sostener ese crecimiento.

Este desajuste es más profundo de lo que parece. Existe la idea de que vender online implica cobrar de inmediato, como ocurre en el comercio B2C tradicional. Sin embargo, una parte relevante del comercio digital no vende directamente al consumidor final, sino a empresas, marketplaces o grandes compradores que operan con plazos de pago de 30, 60 o incluso 90 días. Mientras tanto, los costos no esperan, proveedores, logística, impuestos y sueldos se pagan en tiempo real. El resultado es una paradoja cada vez más común, empresas con ventas crecientes, pero con serios problemas de liquidez.

Durante años, el sistema financiero tradicional evaluó a las empresas mirando hacia atrás, balances históricos, patrimonio, tamaño, antigüedad. El comercio digital, en cambio, funciona mirando hacia adelante: flujo, rotación, data en tiempo real. Cuando ambos mundos no conversan, el crecimiento se frena.

Ante este panorama, comienzan a cobrar mayor relevancia nuevas alternativas de financiamiento que se adaptan mejor a la lógica del comercio digital. Una de ellas es el factoring, una herramienta que permite a las empresas anticipar el cobro de sus facturas y transformar ventas realizadas en liquidez inmediata. Lo que antes era visto como un recurso puntual, hoy se ha convertido en una pieza estratégica del ecosistema digital, clave para sostener el crecimiento de negocios que venden en línea, pero cobran a plazos cada vez más largos.

El factoring actual ya no se parece al de hace una década. Dejó de ser un proceso lento, burocrático y reactivo para transformarse en una solución digital cada vez más integrada al flujo operativo de las empresas. Hoy, el financiamiento se apoya en datos en tiempo real, en el historial de facturación con cada cliente y en la capacidad de predecir la probabilidad de pago de una factura, no solo de auditar su pasado. En un entorno donde las decisiones se toman en horas, y no en semanas, acceder a liquidez con la misma velocidad se vuelve una condición básica para competir.

Chile tiene una oportunidad enorme. Contamos con un ecosistema emprendedor dinámico, alta penetración digital y un marco regulatorio que ha avanzado en modernización financiera. Pero si no adaptamos las herramientas de financiamiento al ritmo del comercio digital, corremos el riesgo de frenar uno de los motores más relevantes de crecimiento y empleo del país.

En este contexto, se vuelve clave impulsar modelos financieros pensados para llegar de forma masiva a la micro y pequeña empresa, con la misma lógica con la que McDonald’s logró estandarizar, simplificar y escalar un servicio complejo para millones de personas en todo el mundo: procesos claros, acceso rápido, costos bajos y una experiencia predecible. Esa es la lógica que hoy están adoptando fintech en Chile, como Chita, que busca hace nueve años democratizar el acceso al financiamiento a través del factoring digital para hacerlo realmente accesible a las PYMES que son quienes sostienen la base del tejido productivo.

El desafío ya no es tecnológico, sino de mentalidad. Financiar el comercio digital no es una excepción, es la nueva normalidad. Detrás de cada carrito de compra hay una empresa que necesita liquidez hoy, no cuando el sistema se actualice. El riesgo no es que el comercio digital deje de crecer, sino que lo haga sobre bases financieras frágiles: vender más sin liquidez no es escalar, es llevar a las empresas al límite.

Si las pymes digitales quieren consolidarse en Chile, el financiamiento debe avanzar al mismo ritmo que la tecnología; de lo contrario, el éxito seguirá midiéndose en ventas, no en crecimiento sostenible.

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